Semblanza

“Te amo, infancia, te amo
porque te recuerdo a cada instante,
en el comienzo del día y en la caída de la noche,
en el sabor del pan,
en el juego de mis hijos…“

Vicente Gerbasi

  

Sus manos tañen las cuerdas de la antigua historia de Venezuela, desde las tantas y tan tupidas raíces de lo nacional. Es decir, él,  mantiene una vinculación sonora con las distintas razas y culturas que intervinieron en la formación del país.

Es decir, nos llega cargado de negritud esclava de la colonia, del indio de las misiones y del guerrero de la gesta libertaria. En sus manos hay muchas manos, emerge una pluralidad de voces y tradiciones que conviven en la música.

Son voces oblicuas abiertas al mundo, que fueron sesgadas por la atrocidad y el infierno de la invasión europea. Él se ha constituido como un delta de esa necesidad, hablamos de GUSTAVO ADOLFO COLINA VARGAS, Punto Fijo estado Falcón 13 de agosto de 1972, o CUATRO CUERDAS UNIVERSALES, cuatrista, solista, concertista y compositor.

Su talento le ha otorgado la posibilidad de compartir escenario con disímiles artistas nacionales e internacionales como: Alirio Díaz y Rodrigo Riera,  Carlos Barbosa Lima (Brasil), Eduardo Fernández (Uruguay), Tania Chaniot (Francia), Alfonso Moreno (México), David Russell (Escocia) y Danny Rivera, Edwin Colón Zayas y Roy Brown (Puerto Rico).

Igualmente, ha ofrecido recitales en la Universidad Pontificia Salesiana, la Universidad Gregoriana y la Radio Vaticana de Roma, Italia; en el Carnegie Hall de Nueva York y el Conservatorio Internacional de Washington, EUA; en el PourcellRoom del Royal Festival Hall de Londres, Inglaterra; y en el Complejo Cultural Memorial de América Latina en Sao Paulo, Brasil.

El sujeto musical en cuestión es también otra forma de ver al país, otra forma de ver y sentir la paz, es también una obra musical que cuestiona y reclama; pero que germina y florece con sus pasos, a través de ese amor y pasión que nos une: CAMBUR PINTÓN: EL CUATRO VENEZOLANO.

José Rafael Rivero: ¿Cómo te sientes cuando te llaman de esa manera Gustavo Colina: Cuatro Cuerdas Universales?

Gustavo Colina: Para mí lo más bonito que me pasa es que, una persona que fue mi alumno en el cuatro, muestre hoy el mismo interés que tuvo cuando llegó a casa y que hoy, en su franca evolución esté indagando sobre ese fenómeno que nos une a ambos. Son muchos años, son muchas cosas que han pasado, cada vez me relaciono más con él, cada vez se me hace más desconocido el instrumento, porque no sólo es un punto de la cultura en Venezuela, sino que permea Latinoamérica. Por supuesto viene de 3.000 años de historia. Tener así un continente lleno de cultura, de historia, de sangre, de gloria, es cuando tañimos el instrumento, Cam-bur-pin-tón  que fue la forma popular de llamar la afinación de nuestro cuatro tradicional. Pienso que en todas las cosas maravillosas que nos pasan, podernos relacionar y conversar y tenerte a vos haciendo esta entrevista, ya es un logro y un regalo, José Rafael ¡Gracias!

José Rafael Rivero: ¿Qué recuerdas de aquellos tiempos en tu niñez conducido por el maestro Felipe Amaya?

Gustavo Colina: Hay algo muy importante, el cuatro siempre estuvo en la familia como parte integral de nuestra familia. Así como en otras casas hay una mascota o hay otros elementos que cohesionan el amor, en nuestra casa siempre hubo un instrumento musical un radio con discos de música venezolana, y la iniciativa de mis padres de Betty y de Israel de llevarnos donde sonara nuestra música, festivales, al Ateneo de Punto Fijo en aquel momento, la escuela de artes y oficios, la Universidad del Zulia, todo eso fue nuestro ambiente desde el principio. Eso fue lo que produjo en nosotros el interés hacia la música y hacia tocar algún instrumento, mi caso fue el cuatro, que me vino no sólo del maestro Felipe Amaya con quien me puse a aprender seriamente, me puse a tañerlo a acariciarlo pero ya yo tenía una referencia directa que era mi abuelo Rudecindo Bracho. También estuve con el primero de mi papá Jario Revilla,  con quien creo que obtuve los primeros códigos, más allá de la vivencia familiar. Fueron pasos: Rudecindo, Jairo y luego Felipe Amaya, en los años 1981, 1982 y 1983 descubrí el cuatro como un instrumento de acompañamiento y luego solista. Después entré  a los Niños y Jóvenes Cautristas de Paraguaná hasta el año 1989. Tuve el privilegio de ser el director de esa agrupación y el cuatro siempre estuvo como mecanismo de cohesión amorosa con la familia. El cuatro siempre ha estado en mi vida como columna vertebral de todos los procesos.

José Rafael Rivero: Cuando uno te escucha y te ve tocando el cuatro siente que ha trascendido el instrumento más allá de lo imaginado ¿Cuál es el ritmo que no se puede tocar con el cuatro?

Gustavo Colina: Muchos. Realmente nosotros conocemos, aunque es un instrumento muy versátil, empezamos a reconocer  la  música ahora y muchos ritmos que nosotros tendríamos que volver a nacer para tocarlos, como los ritmos árabes, la música española la del sur de España, la música andaluza. Pero en Venezuela casi todos los aportes musicales, o las tramas musicales llevan un cuatro. El cuatro es un instrumento musical que se da por los cuatro puntos cardinales del país. Desde las minas del Callao hasta el estado Zulia, una contradanza, una gaita, un golpe, 72 formas de tocar el joropo, la música negra riquísima, la parranda lleva cuatro. Pienso que el cuatro poco aprenderá, seguirá indagando sobre otros ritmos. En este momento muchos son desconocidos, pero en cuanto a Venezuela no tiene limitaciones. Con el cuatro se puede abordar todo el pentagrama musical venezolano, hasta del pentagrama musical latinoamericano; inclusive el jazz que es una posibilidad, hace 30 años atrás no era posible, no estaba en nuestra percepción inmediata, pero gente como Ángel Melo y Alí Agüero abrieron esa posibilidad de escuchar el cuatro más allá de nuestra música tradicional.

José Rafael Rivero: Háblanos de tu estilo para ejecutar el cuatro tan personalísimo… 

Gustavo Colina: La fuerza del cuatro que yo toco tiene que ver con lo vividoPienso que hay mucha gente que está en ese cuatro, muchos profesores, muchas cosas que yo he visto, muchos maestros: Tomás Montilla, Felipe Amaya, Rodrigo Riera. Uno va aprendiendo de cada momento de cada fuerza, de cada ataque, de cada dedo de cada pulsación. Por ahí están unos vibratos que pudieran estar asociados con el tiempo que estuve en la orquesta sinfónica de Paraguaná. Esa relación con otras cosas, con la búsqueda de otros sonidos. Cuando hablas del “rasgueo” tiene que ver con esas escuelas específicas como al de Hernán Gamboa, esas formas de tocar no son antagónicas, se complementan.  Los maestros Gerardo Soto y Eduardo Fernández, de allí se ha creado una mixtura de un cuatro que se toca como una sola cosa y es un cuatro que puede expresar muchas cosas. Puede ser acompañante pero también puede ser solista. Mi estilo tiene que ver también con que las personas con las que me relacioné no eran sólo cuatristas sino: violinistas, chelistas, pianistas, guitarristas. Alirio Díaz, Luis Quintero, Luis Zea, Rodrigo Riera. También me veo en cuatristas como Luis Adolfo Baratad, Javier Arvelo, que son cuatristas de la misma época, con maestros distinto pero hay un aura perceptiva que nos une.

José Rafael Rivero: ¿Cuántos países han conocido los sonidos de tu cuatro?

Gustavo Colina: Siempre ha sido a tocar el cuatro. Van cerca de 40 países, desde Asia, Europa, Suramérica, Caribe, Estados Unidos muchas veces.

José Rafael Rivero: En esos momentos ¿Cómo visualizas la receptividad del público conforme a los sonidos de Venezuela? 

Gustavo Colina: Genial. Tengo caras grabadas de varias partes, con aquella sorpresa que produce el cuatro. El cuatro no solamente es bonito, sino que también es alegre, transporta poesía y por supuesto es raro porque es una guitarrita de cuatro cuerdas, una guitarrita pequeña que tiene seguidores en muchas partes del mundo. Yo di clases en Turquía, en un conservatorio en Estambul y tuve dos alumnos que por ahí están los videos enseñándole a un turco tocando el cuatro. Es decir que Venezuela comienza  a ser extendido en la manera de la cultura.

José Rafael Rivero: ¿Aún sigue el cuatro siendo un instrumento de poca monta?

Gustavo Colina: Para nada. EL cuatro fue hasta prohibido a través de cédulas reales en un momento de la historia porque los cuatristas tenían mala fama, pero eso ha cambiado conforme a su ejecución a la investigación. El cuatro es un continente de historia.

José Rafael Rivero: ¿Qué significa el cuatro para Gustavo Colina?             

Gustavo Colina: Un país, mi país, mi realidad, la heterodoxia de este país, el fulgor, lo que somos, paroxismo. Ahí va toda la historia, desde la puntual hasta la sucedánea, es decir donde está lo que genera.

José Rafael Rivero: ¿Hay una frase de Umberto Eco que dice: “La cultura es lo que queda cuando todo lo demás se ha olvidado” qué opinas?

Gustavo Colina: Claro, es cierto. Tanto es así que lo primero que están haciendo las potencias para desmoralizar a los países que invaden, es destruir sus museos, para destruir su historia; para desmoralizar, repito la palabra… Fernando Báez decía en el libro “La destrucción cultural de Irak” ¿qué fue lo primero que destruyeron los norteamericanos en Irak? Su cultura.

José Rafael Rivero: ¿Cómo visualizas el porvenir de la música venezolana de raíz tradicional?

Gustavo Colina: Nosotros tenemos un compromiso, nosotros probablemente no vayamos a ver otras cosas porque los tiempos biológicos no alcanzan para todo, pero hemos visto desde el pasado un proceso en evolución, aunque con una baja de contenidos en la composición. Sin embrago nuestra música va hacia adelante, en ascenso. Por ejemplo, hoy día podemos ver cómo se ha abordado la música de cámara en Venezuela en los últimos 30 años, que ya se la puedes poner en la cara a cualquier orquesta de cámara de Europa. Yo veo, por ejemplo, que Otilio Galíndez le ronca en la cueva a Stravinski o a Schubert y nuestras generaciones técnicamente están haciendo cosas maravillosas con nuestros instrumentos.

 José Rafael Rivero: Hay una pregunta que esencial en nuestros diálogos y la alude el hecho de considerar la música llanera como lo único que nos identifica musicalmente hablando, ¿Qué opinas al respecto?

Gustavo Colina: Yo creo que eso es un negocio de alguien y un gran negocio. Yo no voy a ponerle nombre y apellido pero es un gran negocio te repito. Esa postura atenta contra el esplendor musical que va muchísimo más allá del arpa, cuatro y maracas, que a mí me encanta. Te puedo hablar de Ángel Custodio Loyola, de Anselmo López y estamos hablando de esas cosas que deberíamos sentarnos a discutir en una mesa; te digo algo en un país donde se venden todas las entradas para un concierto de Ricardo Arjona, está muy mal.

 José Rafael Rivero: ¿Quién es el mejor cuatrista de todos los tiempos para Gustavo Colina?

Gustavo Colina: Para mí es el mismo cuatro. Pienso que él mismo se está construyendo.

José Rafael Rivero: ¿Y el mejor cantante?             

Gustavo Colina: Hay muchos, podría decirte Iván Pérez Rossi, Francisco Pacheco, mi herrmano Israel, de acá de Maracaibo Gustavo Díaz, también Alfredo Sadel, Mario Suárez, Reina Lucero Magdalena Sánchez…

José Rafael Rivero: En esos momentos ¿Cuál de nuestras formas musicales te gusta ejecutar más?

Gustavo Colina: El joropo, la danza, la gaita…

 

José Rafael Rivero

Maracaibo, mayo 2016

 

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