Semblanza

“El desprecio del ayer es la incomprensión del hoy,
y la imposibilidad de que el futuro sea provenir…”

Gustavo Ocando Yamarte

 

La historia del Zulia es apasionante y despierta siempre un profundo interés. En ella existen hitos transcendentes inolvidables, consustanciados al mismo tiempo con la historia del país. El 25 de marzo de 1956, una niña de 10 años de edad cruzó nadando, el Lago de Maracaibo. Acontecimiento noticioso que la prensa regional y nacional reseñó por magnánima aventura. La idea surgió de su progenitor ASDRÚBAL HERNÁNDEZ, conocido como “EL TIBURÓN DEL LAGO”, un humilde pescador nacido en el desaparecido pueblo de EL HORNITO ubicado en la parroquia Altagracia del municipio Miranda del estado Zulia.

El tiburón del lago, también instructor de natación de la Shell, fue la fuente de motivación de su hija, quien desde los 6 años exhibía las dotes de nadadora como antesala a actividades de esta misma naturaleza, ocurridas en aquel tiempo. Esa niña nació en Maracaibo el 13 de noviembre de 1945. Es un ser humano que logró, sin saberlo un posible Récord Guinness y constituye una de las expresiones más contundentes de la historia y actitud valerosa del zuliano, que en diversos episodios de la vida nacional, ha sido menospreciado y vilipendiado.

Nos referimos a AGRIPINA SEGUNDA HERNÁNDEZ DE ÁLVAREZ, LA SOBERANA DEL LAGO, la señora que en el albor de su vida produjo una hazaña irrepetible, hasta ahora. Recorrer 7 kilómetros 800 metros del “PEZÓN DE ESTE PAÍS” como escribiría el gran “NEGUITO” BORJAS. Ella fue el dato disparador de hace ya casi 6 décadas.

Las palabras “EL POÉTICO ORADOR DE LA GLORIA” Ángel Emiro Govea, revelan la importancia de conocer nuestra historia: “Por eso escribir y narrar sucesos históricos no es tan sólo estampar con tinta indeleble de cronólogos, los hechos causantes de mutaciones culturales, socioeconómicas y jurídico-políticas, sino exprimir de ellos, como savia de frutos dehiscentes, las experiencias vividas y sufridas, y una interpretación racional…”

 

 

 José Rafael Rivero: ¿Qué recuerda de aquel momento?

Agripina Hernández: Bueno la verdad es que mi papá, Asdrúbal Hernández, tenía un club de natación, los mayores de edad, de 20 años hacían esas competencias. Ese día, 25 de marzo de 1956, al llegar a la meta, se pusieron en forma de “V”, de victoria y yo toqué la meta que era una banda tricolor. Nadé con un traje de baño pequeñito y las madrinas en la llegada me pusieron un traje de baño enterizo. Recuerdo que había mucha gente, mi tío y mi mamá iban en una canoa que tenía mi tío. En dos ocasiones sacaron a mi papá del agua para certificar que no me estaba remolcando, había una comisión del Cuerpo de Bomberos en una lancha que certificó que no hubo ayuda alguna. A las 5.00 AM, salimos de Los Puertos de Altagracia y llegamos a Casa Blanca Club, a las 9.32 AM. Casa Blanca Club, era un club privado que estaba más o menos por donde está canalizaciones y tenía como una fuente de soda. Para certificar que la travesía fuese legal sacaban a mi papá para ver que no me estaba remolcando, él iba siempre a mi lado, las veces que hice la travesía. A él le gustaba mucho el deporte, nadaba mucho.

 José Rafael Rivero: ¿Cuál fue la motivación principal de su papá para realizar la travesía?

Agripina Hernández: Que a mi papá le gustaba mucho la natación y el deporte. Motivación monetaria no había ninguna. Lo que daban era un trofeo, hicieron un agasajo y nos llevaron a todos. A mi papá, le decían “EL TIBURÓN DEL LAGO” para esa época. Mi papá lo hacía por amor al lago. Él era pescador, de allí viene el amor al lago e invitaba a muchachas para competir y nunca quisieron. El nació en El Hornito, lo que ahora es la petroquímica…

José Rafael Rivero: ¿Cuatro horas nadando?

Agripina Hernández: Mi papá tuvo mucho corazón, yo no entendía la profundidad de aquel acontecimiento. Fueron cuatro horas y treinta y dos minutos. La Cervecería Zulia, le propuso a mi papa llevarnos al Canal de la Mancha. Iban a pagar todo mientras yo me aclimataba para hacer lo mismo allá, pero el gobierno de Marcos Pérez Jiménez prohibió a los menores de 18 años hacer ese tipo de competencias. A mí me han dicho que eso es un Récord Guinness. Eso está documentado en Panorama, Diario Occidente.

José Rafael Rivero: De aquellas cuatro horas y treinta y dos minutos nadando, de ese momento histórico ¿qué pudiera evocar?

Agripina Hernández: Me quisiera ver otra vez nadando… risas…, claro con mi padre imposible, pero eso quisiera. Hace 5 años también hicieron la travesía del lago, yo estuve allí. El lago en aquella oportunidad era puro, cristalino, ahora está contaminado, el agua era cristalina. Mi papá fue profesor de natación particular y de la Shell. Nosotros vivíamos en el sector Cotorrera, allí mismo en la playa mi papá daba clases particulares de natación. Recuerdo también que antes de tirarnos a nadar allá, en Los Puertos de Altagracia, está la iglesia de la Virgen de Altagracia, al llegar aquí, lo primero que hice fue irme a la capilla del Hospital Coromoto y las flores que me dieron se las llevé a la virgen, de allí me fui a la piscina del creole a seguir nadando, risas…

  José Rafael Rivero: Tenía muchísima energía…

Agripina Hernández: Sí, risas… Hay dos episodios que también recuerdo, uno es que en una de las oportunidades que practicaba la travesía, que la hice cinco veces primero, antes del 23 de marzo del 1956, nos faltaba poco para llegar y hubo un cambio de marea y en vez de acercarnos a la meta, nos llevó más lejos, en esa oportunidad la travesía se convirtió en más de 5 horas y llegamos a Capitán Chico, afortunadamente pudimos salir de la corriente que nos arrastraba. Otra anécdota fue que nos íbanos de aquí hasta allá en canoa hasta el puentecito de los puertos y venía un barco, entonces mi tío siempre llevaba una lámpara, le hizo señas y casi no nos veía, pero gracias a Dios, ya por último nos vio, sino nos hubiese llegado…

José Rafael Rivero: ¿Cómo se siente Agripina Hernández de saberse protagonista de esa proeza?

Agripina Hernández: La verdad es que me siento bastante motivada y me gustaría que se le diera la importancia que tiene. Las personas que no tienen a dónde ir para practicar la natación, los adultos mayores también pudieran ir a practicar la natación, que haya más incentivo para eso. Si pudiera hacerse todos los años esa travesía sería maravilloso. Estoy muy contenta porque en el colegio Adolfo Colina, los niños hicieron el proyecto sobre mi travesía al lago y la biblioteca de ese colegio lleva mi nombre. Después de ese momento no he vuelto a nadar en el lago.

 

Frases lapidarias de AGRIPINA HERNÁNDEZ:

“En dos ocasiones sacaron a mi papá del agua para certificar que no me estaba remolcando…”

“El lago en aquella oportunidad era puro, cristalino, ahora está contaminado…”

“La Cervecería Zulia, le propuso a mi papa llevarnos al Canal de la Mancha…”

 

 José Rafael Rivero

Twitter: @JRivero29

Maracaibo, febrero de 2015

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