Semblanza

 

“Fuerza que de lejos apareces,

hijo del monte, no rompas el espacio de los astros,

trae la magia de la bondad…”

Eleguá

 

Poesía de soledad y multitud comulgan en su obra musical. Elevada, sonora, venezolana de raíz tradicional. Pretende con fe devotísima alcanzar anhelos ancestrales. Auscultar su trova modifica nuestra percepción de país, ya que no es especulación metafísica, sino reacción frente a los enemigos o cancerberos de lo nuestro.

Ahí encontramos: hipálages, eufonías y metáforas de niñez inextinguible. Igualmente decimos que hay nostalgias por seres y cosas que ha disuelto el tiempo. Ha hecho canciones, situaciones límite de su vida. “Meremere con pan caliente”, “Qué estará pasando”, “Ven amigo mío”, “La hely” y “Parece mentira” son algunos trozos melodiosos que figuran y prestigian su catedral artística. Se trata de LEONEL ANTONIO RUIZ ALEMÁN,  Caracas, 3 de abril 1966. El compositor, cantante, arreglista, pianista, cuatrista, trovador y poeta.

Sería una afrenta no dialogar con el vate caraqueño crecido en la energía vital de la palabra y la música. Sería un error no voltear la mirada hacia la omnipresecencia de su documento rítmico lleno de amores, imágenes, enfermedades,  climas y regiones que explican la prodigalidad del país. Es decir, es explicable en función del otro. Es decir sus manos ocupadas no están perdidas… CARMEN MOLEIRO, GERRY WEIL, CHICK COREA, ARTURO SANDOVAL, BOBBY MCFERRIN, HORACIO «EL NEGRO» HERNÁNDEZ Y MICHELL CAMILO han servido de crisol  a semejante venezolano.

“La práctica de la poesía colectiva sólo es concebible en un mundo liberado de toda opresión, en el que el pensamiento poético vuelve a ser para el hombre tan natural como el agua y el sueño…”, palabras de Benjamin Péret, que Leonel conoce muy bien y coincidentes con la marea venezolanista-vanguardista del también curiepero.

 

 

José Rafael Rivero: ¿Leonel cuál es la esencia de tu obra?

Leonel Ruiz: Mi obra está llena de honestidad. No tengo más pretensión que entregar la música como sale del fondo de mi propio corazón, de mis propias experiencias vitales. Sí está nutrida por muchos géneros latinoamericanos y está salpicada de Jazz por supuesto. Tiene ese aroma, pero la columna vertebral es la música venezolana de raíz tradicional que es nuestra identidad musical. La herencia de Otilio Galíndez, de Laudelino Mejías, de Armando Molero, de Luis Mariano Rivera, Ibrahím Bracho, Henry Martínez, compositores venezolanos que me han influenciado. Y quienes me enseñaron a hacer canciones son unos compañeros que empezaron con algo que se llamó el Grupo de Experimentación Sonora el ICAIC, allá en Cuba a finales de los años 60’ ellos son: Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Vicente Feliú, Noel Nicola, Sara González, Amaury Pérez, Eduardo Ramos entre otros. Siempre tuve esa escuela para poder ser el cronista de tu tiempo…

José Rafael Rivero: El filósofo alemán Friedrich Nietzsche dijo alguna vez: “Sin música la vida sería un error” ¿Cuál es tu opinión sobre esta frase?

Leonel Ruiz: Yo diría sin música venezolana la vida sería un error, risas… En nuestros pueblos ancestrales los músicos son los mismos que dan salud y están conectados con lo espiritual. Se llaman de diferentes maneras según el pueblo aborigen, unen: lo musical, lo espiritual y la salud, pero el músico es el que da salud. También ocurre eso en muchos pueblos del oriente, no sólo de Venezuela, sino en el oriente del mundo. Esa frase de Nietzsche es perfecta. Con la música puedes comunicar cosas, alegrar, dar un espaldarazo emocional a alguien o a mucha gente. La música es, según estos pueblos ancestrales, el vehículo perfecto para comunicarte con la divinidad.  Llámese Dios o esa energía creadora. Yo creo que nosotros los músicos, los creadores tenemos partículas de esa magia, de esa energía creadora, divina y tenemos que usarla con conciencia y honestidad. Apartar los egos y ese tipo de cosas. El mundo ha dado muchas vueltas y se han desviado las cosas, ahora resulta que el que se encarga de comunicarnos con Dios es una persona, el que nos da salud es otra persona y los músicos han quedado, para este mundo que está al revés, como un entretenedor de la industria del entretenimiento.

 José Rafael Rivero: Tocaste un tema que circunda la vida de los artistas más celebrados que son los músicos, esa palabra ego, cómo te llevas con ella…

Leonel Ruiz: Eso ocurre a nivel social y se llama desclase. Aquel tipo que vivía en un barrio, se comía su empanadita en la mañana y ayudaba a su mamá a vender las empanadas, pero resulta que el tipo sabía tocar cuatro y tenía muy buena voz, lo escuchó un productor se lo llevó, lo puso a ganar billetes y se mudó de urbanización. Ahora es el señor tal, y anda en una “camionetota“ y ve a los otros por encima del hombro. Igual ocurre con el señor que hace música y se olvida de los músicos y se olvida de su propia música… Yo empecé mis estudios musicales en el vientre de mi mamá, ella me ponía Vivaldi y Bach, ¡imagínate! O me ponía cosas como ésta: Leonel canta: “Duerme mi tripón vamos a engañar la lechuza…”  o me cantaba: “Duérmase mi niño que tengo que hacer…” Alguien que me ha influenciado muchísimo la señora Conny Méndez, ¿por qué me acuerdo de ella?, porque ella decía en una canción: “Y arrullamos a los niños von el himno nacional…” esa canción hay que recordarla siempre. Creo que debemos ser honestos, ese es el antídoto contra el ego desaforado.

 José Rafael Rivero: Tu disco Meremere con pan caliente… ¿Qué significa eso?

Leonel Ruiz: Ese disco viene después de haber padecido la Helicobacter pylori, que me produjo una gastritis terrible y estuve en el año 2010 con la salud bastante comprometida. Luego me fui a Cuba y volví a nacer. Cuando regresé a esa casa Uricaicara, que queda en los Valles del Tuy, en un caserío que se llama “Piñate”, ahí vivía mi abuela. Ahí hice todos los arreglos de ese disco. Esa canción no existía y nació en ese lugar que relata la canción. Ahí veía la arquitectura de la naturaleza que es perfecta, la mata de tamarindo, las hormigas, ver el peligro de una serpiente, la mata de guayaba su textura, el poder y su fundamento, eso es sólo comparable con la voluntad de nuestro pueblo.  Eventos maravillosos que viví. Ahí también había dos matas de merey. Salías al patio y encontrabas gallinas picoteando maíz, pollitos, habían dos gansos peligrosísimos  que picaban durísimo. Por ahí pasaron muchos perros, ver al fondo dos cochinos, ver a mi abuela dándoles comida, pilar maíz con mi abuela. Todo eso yo lo vi ahí, comer chigüire. Ese disco es el disco de un gran nacimiento. Cuando la gente se enteró que iba a grabar mi primer disco creyeron que venía con unos ejercicios pianísticos para humillar y no sé qué más. Cuando ponen el disco sale un tipo con una llamada telefónica nombrando un poco de indios. Lo ancestral es muy importante en mi música.

José Rafael Rivero: “Recuerdo cuando no era más era un niño y volaba papagayos a un profeta…” Esa frase la encontramos en tu producción ¿qué significado tiene?

Leonel Ruiz: La mamá de mi abuelo se llamaba Pastora Gómez, ella me sentaba en sus piernas y comenzaba a hablarme de su religión evangélica. Ella se ponía a leerme fragmentos de textos de la biblia. Me hablaba de Jesús de Nazaret, un profeta. Yo salía de repente corriendo porque me fastidiaba, yo sólo quería correr y volar papagayo. Cuando estaba volando el papagayo me venía el recuerdo del profeta y eso es lo que recoge eso.

Un llamado solidario el de Leonel Ruiz, un artista definitivo de Venezuela, acá su demostración infinita de ser humano: Ven amigo mío/ levanta tu ojos al cielo/ ven amigo mío/ tu vida es útil/ borra el infierno/ gente del mundo/ la solidaridad es amor/ ¡Hay un ser humano aquí!

 

Frases lapidarias de Leonel Ruiz:

“Los músicos han quedado, para este mundo que está al revés, como un entretenedor de la industria del entretenimiento…”

“No tengo más pretensión que entregar la música como sale del fondo de mi propio corazón…”

“En nuestros pueblos ancestrales los músicos son los mismos que dan salud…”

 

José Rafael Rivero

Twitter: @JRivero29

Maracaibo, diciembre de 2015

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